Si alguien está pensando en un libro para este verano, recomiendo la lectura de ‘Todos tendríamos que haber venido solos’, del argentino Guillermo Roz. Un escritor que, como buen argentino, no tiene ningún tipo de humildad, pero habla como un sabio. Esta novela no es una obra fácil. Es para sufrir, la verdad, pero merece mucho la pena. Y me gusta porque no es nada optimista. Después de una zancadilla vendrán muchas más. Ese no lugar a la esperanza, como la ley de Murphy, es una de las cosas que me atraen, además del estilo, escrito casi como un guion cinematográfico. Todos llevamos en el alma un arma cargada. La cuestión es cuánto podemos aguantar para no apretar el gatillo. Esta vendría a ser una de las tesis del texto. Por otra parte, da gusto que un libro te haga sentir, que los poros se te abran, que te despiertes y pienses en tomar un café y continuar con él. Hay muy pocos autores que consiguen esto. Conmoverte. Ya sea porque te hagan reír o sufrir como un condenado. Son los libros que no deben de faltar en ninguna estantería que se precie.

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